La noche del viernes se vio sacudida por una explosión de gran magnitud en el parque industrial de Carlos Spegazzini, partido de Ezeiza, que derivó en un incendio de proporciones inéditas. Las llamas, que alcanzaron más de 20 metros de altura, movilizaron más de 70 dotaciones de bomberos de toda el Área Metropolitana, en un operativo que se extendió durante toda la madrugada.
Las autoridades confirmaron que “el incendio está contenido” y que “no hay riesgo para la población”, aunque la tensión persiste. La principal preocupación fue evitar que el fuego alcanzara a la empresa Flamia, dedicada al almacenamiento de materiales altamente inflamables, cuya cercanía al foco del siniestro encendió todas las alarmas.
El accidente se habría originado en una planta agroquímica, donde se produjo una explosión inicial que desencadenó una reacción en cadena. Las llamas se propagaron rápidamente, afectando al menos cinco fábricas, entre ellas depósitos de productos químicos, plásticos y materiales combustibles. La nube tóxica generada obligó a cerrar la autopista Ezeiza-Cañuelas y activar protocolos de emergencia en hospitales de la zona.
Más de 24 personas fueron asistidas por el sistema de salud, incluyendo casos de intoxicación por humo y un infarto. Afortunadamente, no se registraron víctimas fatales, aunque el impacto ambiental y estructural aún está siendo evaluado.
Desde FM TOP 103.3, entendemos que este episodio no puede ser reducido a un hecho aislado. Revela la fragilidad de los controles industriales, la falta de planificación urbana en torno a zonas de riesgo químico, y la necesidad urgente de protocolos de seguridad más rigurosos y fiscalización efectiva.
La frase de un médico local —“Esperábamos un efecto Cromañón, pero afortunadamente no pasó”— sintetiza el temor colectivo ante una tragedia que pudo ser mucho peor. Pero también interpela: ¿cuántas fábricas operan hoy sin controles suficientes? ¿Cuántas zonas urbanas conviven con depósitos de riesgo sin saberlo?
El fuego se apagó. Pero la alerta debe seguir encendida. Porque la seguridad industrial no se mide solo en metros de llamas, sino en prevención, transparencia y responsabilidad pública.
