En medio de tantas noticias que suelen golpear el bolsillo o la paciencia, esta vez llega una que ilumina: en todo el país se realizarán fondos de ojo gratuitos para prevenir la ceguera. Una medida sencilla, pero de enorme impacto, porque detrás de cada examen hay una oportunidad de cuidar la vista, de anticiparse a un problema que podría
cambiar la vida de una persona para siempre.
La salud visual suele quedar relegada, como si los ojos fueran un lujo y no una necesidad básica. Sin embargo, ver es también dignidad: es poder leer, trabajar, reconocer a los seres queridos, disfrutar de un paisaje. Que se ofrezcan estudios gratuitos es un gesto de justicia, porque democratiza el acceso a la prevención y recuerda que la salud no puede depender solo del dinero.
En las escuelas rurales, en los barrios, en las ciudades grandes y pequeñas, habrá gente que se acerque con la esperanza de cuidar lo más elemental: su mirada. Y allí estará la verdadera fuerza de esta campaña: en la posibilidad de que cada persona, sin importar su condición, pueda recibir atención.
La prevención es la mejor política pública. Y en este caso, se convierte también en un acto de ternura colectiva: cuidar los ojos de los demás es cuidar la manera en que miramos el mundo.
