Lo que debía ser una jornada de alegría, música y encuentro por el Día de la Primavera en el Polideportivo Municipal de La Paz terminó envuelto en una ola de incertidumbre, malestar y repudio. En redes sociales y grupos de WhatsApp comenzó a circular con fuerza un comentario que encendió las alarmas entre los jóvenes: se decía que en el evento, pensado para celebrar con los estudiantes, estaría presente Iñaki —o “la Pepone”, como lo conocen algunos— en lo que muchos interpretaron como una jugada política para aprovechar la convocatoria juvenil.
La noticia corrió rápido. Se hablaba de que el libertario, que estaría visitando La Paz ese mismo día, podría aparecer en el Poli, en medio de la fiesta de los chicos. ¿Casualidad o estrategia? ¿Un gesto de cercanía o una maniobra para capitalizar políticamente una fecha que pertenece a los jóvenes?
Las preguntas se multiplicaron. ¿Por qué no se comunicó oficialmente su presencia? ¿Por qué elegir un evento estudiantil para una aparición política? ¿Se pensó en los chicos o se pensó en los votos?
Desde la redacción pudimos hablar con Walter Martín, quien nos aseguró que él no lo llevaba. Su respuesta fue clara. Pero los jóvenes, aún con esa confirmación, no asistieron igual. El daño ya estaba hecho. La desconfianza había ganado terreno. La sensación de que algo se estaba gestando detrás de escena fue más fuerte que cualquier aclaración.
Al enterarse de esta movida, los jóvenes reaccionaron con claridad y contundencia. En repudio, decidieron no asistir. Le hicieron un boicot a la fiesta que, en teoría, era para ellos. Porque no querían ser usados. Porque no se sienten representados por el discurso libertario. Porque entienden que la política no puede meterse en cada espacio, menos aún en uno que celebra la juventud, la diversidad y la alegría.
La ausencia fue notoria. Lo que debía ser una fiesta se convirtió en un escenario vacío, en una señal clara de que los jóvenes no están dispuestos a que se los manipule. Ellos no son libertarios. Ellos no quieren que su día se convierta en una plataforma de campaña. Ellos quieren respeto, autenticidad y espacios propios.
Desde esta redacción intentamos confirmar si efectivamente Iñaki estaría en el Poli. Le escribimos al intendente por WhatsApp, pero no respondió. Tal vez estaba descansando. Tal vez prefirió no contestar. Tal vez la decisión aún no estaba tomada. Lo cierto es que el silencio oficial no ayudó a calmar las aguas. Al contrario, alimentó las sospechas.
Después de la reunión con funcionarios en el Club Social, se decía que desde el municipio se tomaría la decisión de trasladarlo al Poli si había muchos jóvenes. Pero esa posibilidad se desvaneció cuando los estudiantes decidieron no asistir. Porque entendieron que la fiesta ya no era suya. Porque sintieron que se les había quitado el protagonismo. Porque no querían ser parte de una estrategia que no los representa.
Hoy, más que nunca, queda claro que los jóvenes están atentos. Que no se dejan engañar. Que saben cuándo una celebración se convierte en otra cosa. Y que tienen voz, decisión y convicciones.
La pregunta que queda flotando es profunda: ¿era realmente un festejo para los chicos o solo una maniobra política? ¿Se pensó en ellos o se pensó en otra cosa?
Más tarde, quizás, se sabrá la verdad. Pero lo que ya se sabe es que los jóvenes de La Paz hablaron. Y lo hicieron con el lenguaje más claro que existe: el de la ausencia.

