El pedido de juicio político contra la vocal del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, Susana Medina, ingresó en la Cámara de Diputados y abrió un proceso institucional que pone a prueba la responsabilidad de la Legislatura. La denuncia, presentada por el docente y dirigente gremial Eugenio Jacquemain, señala más de 600 ausencias injustificadas y el uso indebido de bienes del Estado, lo que configura presunto mal desempeño en sus funciones.
El procedimiento constitucional
La Constitución de Entre Ríos establece que el juicio político puede alcanzar al gobernador, vicegobernador, ministros del Poder Ejecutivo y vocales del Superior Tribunal de Justicia.
La Cámara de Diputados actúa como órgano acusador: recibe la denuncia, analiza las pruebas y decide si corresponde avanzar.
El Senado provincial se constituye en tribunal de juicio: allí se define la destitución o absolución, con mayorías especiales que buscan garantizar que la decisión no dependa de coyunturas políticas pasajeras.
Los responsables de decidir
El trámite se inició en la Mesa de Entradas de Diputados, bajo la presidencia de Gustavo Hein. A partir de allí, los legisladores de ambas cámaras serán los encargados de evaluar si las acusaciones contra Medina constituyen mal desempeño suficiente para removerla. En otras palabras, los representantes del pueblo tienen en sus manos la credibilidad del Poder Judicial entrerriano.
Un proceso con impacto social
Más allá de lo estrictamente jurídico, el caso genera repercusión social. En un contexto de crisis económica y desconfianza institucional, la ciudadanía observa con atención cualquier señal de privilegio o impunidad. Las ausencias injustificadas denunciadas no son solo un dato administrativo: se convierten en símbolo de un Poder Judicial cuestionado por su compromiso con la función pública.
El juicio político a Susana Medina, entonces, no solo será un examen de su desempeño personal, sino también una prueba de la capacidad de la Legislatura para actuar con independencia y rigor institucional.
