La llegada de la llamada “supergripe” H3N2 a la Argentina no es un dato menor: se trata de una cepa de influenza que se caracteriza por su rápida propagación y por el impacto que puede tener en los sectores más vulnerables de la población. La experiencia internacional demuestra que la prevención, y en particular la vacunación, es la herramienta más eficaz para reducir complicaciones y evitar que el sistema sanitario se vea desbordado.
Los especialistas coinciden en que la prioridad debe estar puesta en:
Niños pequeños, especialmente menores de 2 años, que tienen mayor riesgo de cuadros graves.
Adultos mayores, en particular quienes superan los 65 años.
Personas con enfermedades crónicas (cardíacas, respiratorias, diabetes, inmunodeficiencias).
Mujeres embarazadas, por el riesgo tanto para ellas como para el bebé.
Viajeros frecuentes, que pueden convertirse en vectores de propagación entre regiones.
Personal de salud, que está expuesto de manera constante y cumple un rol clave en la contención.
La vacunación no debe entenderse como un acto individual, sino como una responsabilidad colectiva. Cada dosis aplicada protege no solo a quien la recibe, sino también a quienes lo rodean. En tiempos de incertidumbre sanitaria, la confianza en la ciencia y en las políticas públicas de prevención es un gesto de cuidado hacia la comunidad.
La “supergripe” H3N2 nos recuerda que la salud pública depende de la memoria social: aprender de las crisis pasadas, reforzar la prevención y no caer en la complacencia. Vacunarse hoy es un acto de solidaridad y de defensa de la dignidad colectiva.
