La gestión de Javier Milei atraviesa un momento de retroceso en su base de apoyo. Según los últimos relevamientos de opinión pública, el 31% de quienes lo votaron en las elecciones ahora desaprueba su desempeño como presidente, un dato que refleja el desgaste político del oficialismo y la creciente distancia entre las expectativas iniciales y la realidad económica y social.
El fenómeno es significativo porque no se trata de opositores tradicionales, sino de votantes que en 2023 apostaron por el proyecto libertario como alternativa de cambio. La pérdida de respaldo en ese segmento revela que el malestar social, la persistencia de la inflación y las dificultades para llegar a fin de mes están erosionando la confianza en el Gobierno.
Los analistas señalan que el ajuste fiscal permanente, la falta de mejoras concretas en el poder adquisitivo y la conflictividad política en el Congreso son factores que explican la caída en la aprobación. A ello se suma la percepción de que las promesas de “refundar la Argentina” chocan con una realidad marcada por el deterioro de los ingresos y el aumento de la desigualdad.
La desaprobación dentro de la propia base electoral es un indicador de alerta para Milei. En la política argentina, los presidentes que pierden apoyo entre sus votantes suelen enfrentar dificultades para sostener consensos y avanzar con reformas estructurales. La polarización creciente y la falta de resultados inmediatos en la economía refuerzan ese escenario.
En definitiva, el dato del 31% de desaprobación entre votantes libertarios marca un punto de inflexión: el oficialismo ya no enfrenta solo la crítica de la oposición, sino también el desencanto de quienes lo llevaron al poder. El desafío será recuperar credibilidad antes de que la caída en la imagen se traduzca en pérdida de gobernabilidad.
