El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, vuelve a quedar bajo el foco público. Según datos oficiales del Banco Central (BCRA) y registros bancarios reservados, él y su esposa habrían gastado $85 millones en tarjetas de crédito durante 2025, una cifra que reaviva las sospechas sobre el estilo de vida del funcionario y su entorno.
La información, que circula entre fuentes financieras con acceso a movimientos de alto nivel, muestra consumos en hoteles, restaurantes y tiendas internacionales, además de pagos en dólares en el exterior. Aunque el Gobierno no emitió comentarios oficiales, el dato se suma a una serie de controversias que ya rodean al vocero presidencial convertido en jefe de Gabinete.
Adorni, que suele presentarse como símbolo de austeridad y transparencia, enfrenta ahora una contradicción incómoda: mientras el Ejecutivo impulsa recortes en áreas sensibles y exige “orden fiscal”, su propio gasto personal se dispara a niveles que pocos funcionarios pueden justificar.
El contexto político agrava el impacto. En medio de la negociación con el FMI y la discusión por la reforma previsional, la noticia de los gastos personales de Adorni y su esposa amenaza con erosionar la narrativa oficial de “honestidad y sacrificio”.
Fuentes cercanas al gabinete aseguran que el funcionario prepara una respuesta pública, aunque dentro del oficialismo hay preocupación por el efecto mediático. En redes sociales, opositores y analistas ya comparan el caso con otros episodios de presunto enriquecimiento o uso discrecional de fondos.
Más allá de las cifras, el episodio plantea una pregunta de fondo: ¿puede un gobierno que predica la austeridad sostener su credibilidad cuando sus principales figuras exhiben gastos millonarios? La transparencia, más que un eslogan, se convierte en una prueba de fuego para la administración Milei.
