La curva descendente de la imagen presidencial de Javier Milei continúa marcando el pulso político en la Argentina. Según el nuevo ranking de aprobación de mandatarios de América Latina, el jefe de Estado argentino perdió 1,7 puntos en su nivel de apoyo, que ahora se ubica en 35,1%, mientras su imagen negativa escaló hasta 62,8%, consolidando una tendencia de desgaste que se profundiza mes a mes.
El informe, elaborado por la consultora CB Opinión Pública, muestra que Milei retrocede posiciones en la comparación regional y queda por debajo de líderes como Luis Abinader (República Dominicana), Gustavo Petro (Colombia) y Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), quienes mantienen niveles de aprobación superiores al 45%. En el extremo opuesto, el presidente argentino se acerca a los índices más bajos del continente, junto a Daniel Noboa (Ecuador) y Nicolás Maduro (Venezuela).
La caída de Milei se explica por varios factores: el impacto social del ajuste fiscal, la persistente recesión económica y el aumento de la conflictividad política. A pesar de los esfuerzos del Gobierno por mostrar señales de recuperación y disciplina monetaria, la percepción ciudadana refleja un creciente malestar frente al deterioro del poder adquisitivo y la falta de mejoras concretas en la vida cotidiana.
En el plano político, el oficialismo enfrenta dificultades para sostener consensos en el Congreso y para contener las tensiones internas dentro de La Libertad Avanza. Las denuncias por presunto uso discrecional de fondos públicos para asegurar votos legislativos y los conflictos con aliados provinciales también erosionan la imagen del presidente.
El contraste entre el discurso de “orden y libertad” y la realidad económica se vuelve cada vez más evidente. La inflación, aunque desacelerada, sigue golpeando los bolsillos, y el desempleo crece en sectores productivos afectados por la caída del consumo. En ese contexto, la promesa de “refundar la Argentina” se enfrenta al desafío de sostener credibilidad ante una sociedad que empieza a mostrar signos de fatiga.
La encuesta también revela un dato político relevante: la brecha entre imagen positiva y negativa de Milei es la más amplia desde su asunción, con un diferencial de 27,7 puntos. Este indicador refleja no solo el desgaste del liderazgo presidencial, sino también la polarización creciente en la opinión pública.
Mientras el Gobierno insiste en que la caída de la popularidad es el costo inevitable de las reformas estructurales, los analistas advierten que el margen político para sostener el ajuste se achica. En América Latina, los presidentes con índices de aprobación por debajo del 40% suelen enfrentar dificultades para impulsar leyes clave y mantener cohesión interna.
La fotografía del ranking regional deja una conclusión clara: Milei ya no encabeza la ola libertaria que lo llevó al poder, sino que se enfrenta a la realidad de gobernar en medio de la desconfianza social y la pérdida de respaldo político. Su desafío, de aquí en adelante, será revertir la tendencia antes de que la caída de la imagen se traduzca en pérdida de gobernabilidad.
