“No hay plata: más de 27 mil jubilados tuvieron que volver a trabajar desde la asunción de Milei, reflejo de la crisis de ingresos y la precarización del sistema previsional”

“No hay plata: más de 27 mil jubilados tuvieron que volver a trabajar desde la asunción de Milei, reflejo de la crisis de ingresos y la precarización del sistema previsional”

 

La consigna “no hay plata”, repetida como mantra por el presidente Javier Milei desde el inicio de su gestión, se convirtió en una realidad palpable para miles de jubilados argentinos. Según datos recientes, más de 27 mil adultos mayores se vieron obligados a reincorporarse al mercado laboral desde diciembre de 2023, en un intento desesperado por complementar ingresos que quedaron pulverizados frente a la inflación y el ajuste fiscal.

El fenómeno expone la fragilidad del sistema previsional en un contexto de recortes y pérdida de poder adquisitivo. Las jubilaciones mínimas, que apenas superan los $200.000 mensuales, se ubican muy por debajo de la canasta básica para un adulto mayor, estimada en más de $350.000. La brecha entre lo que se percibe y lo que se necesita para vivir dignamente empuja a miles de personas a aceptar trabajos informales, precarios y muchas veces incompatibles con su edad o estado de salud.

La eliminación de bonos compensatorios y la falta de actualización real de los haberes profundizaron la crisis. Mientras el Gobierno sostiene que el ajuste es necesario para “ordenar las cuentas públicas”, los jubilados enfrentan la paradoja de haber trabajado toda su vida y, aun así, no poder sostenerse sin volver a trabajar.

El impacto social es evidente: se multiplican las escenas de adultos mayores en supermercados, estaciones de servicio, comercios y hasta en aplicaciones de reparto, intentando sumar ingresos. Organizaciones de jubilados denuncian que se trata de una “precarización forzada”, que vulnera derechos adquiridos y expone a este sector a condiciones laborales indignas.

La situación también refleja un cambio cultural: el retiro como etapa de descanso y reconocimiento se diluye, reemplazado por la necesidad de seguir produciendo para sobrevivir. En paralelo, la morosidad en créditos para jubilados crece, ya que muchos recurren al financiamiento para cubrir gastos básicos, atrapados en un círculo de deuda y trabajo sin fin.

El caso de los jubilados que regresan al mercado laboral se convierte en un símbolo del ajuste: un país donde los más vulnerables cargan con el costo de la crisis y donde la consigna oficial de “no hay plata” se traduce en la pérdida de dignidad y derechos.

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