En el día de ayer, los disturbios ocurridos en el barrio El Candil dejaron al descubierto una realidad que ya no puede seguir siendo ignorada: la desprotección de los efectivos policiales que día a día arriesgan su vida en las calles.
Sin cascos, sin chalecos, sin equipamiento adecuado, los agentes se convierten en escudos humanos frente a situaciones de violencia creciente. ¿Quién piensa en ellos? ¿Quién se hace cargo de que cada jornada laboral puede convertirse en una tragedia para sus familias?
No se trata solo de recursos. Se trata de voluntad política, de respeto institucional y de humanidad. Los policías no son piezas descartables de un sistema que exige sin dar. Son personas, padres, madres, hijos, vecinos. Y merecen volver a casa con vida, con dignidad, con la certeza de que el Estado no los abandona.
Señor Ministro: urge tomar medidas concretas. No podemos seguir mirando para otro lado mientras quienes nos cuidan lo hacen sin protección alguna.
La seguridad no se construye solo con presencia. Se construye con condiciones, con equipamiento, con respaldo. Y hoy, ese respaldo brilla por su ausencia.
