“Reglas claras para que el comercio no quede fuera de juego”

“Reglas claras para que el comercio no quede fuera de juego”

El reclamo de los comerciantes de Paraná no es un berrinche corporativo ni un pedido de privilegios. Es, más bien, un grito de alerta frente a un tablero de juego desbalanceado. Mientras las plataformas internacionales ofrecen productos con costos de envío subsidiados, impuestos diferidos y una logística aceitada, el comercio local carga con la mochila pesada de la presión fiscal, la inflación y la burocracia.
La cancha inclinada
Cuando un consumidor compra online al exterior, muchas veces lo hace en condiciones que no reflejan el verdadero costo de producción ni de importación. El resultado: un mercado distorsionado donde el comerciante argentino compite con rivales que juegan con reglas distintas. No se trata de impedir la competencia, sino de garantizar que sea justa.
Reglas claras, no privilegios
El presidente del Centro Comercial e Industrial de Paraná lo dijo con precisión: “Que compitan todos, pero con las mismas condiciones”. La frase desnuda la paradoja: quienes sostienen el empleo local, pagan impuestos y mantienen viva la trama urbana de nuestras ciudades, son los que hoy sienten que están quedando fuera de la cancha.
El riesgo de la desindustrialización silenciosa
Cada compra que se fuga al exterior es un pequeño golpe a la industria nacional. No es solo un problema de números: es un problema de identidad y de futuro. Si el comercio local se debilita, se debilita también la comunidad que depende de él.
La salida posible
La solución no pasa por cerrar fronteras ni por demonizar al consumidor digital. Pasa por políticas inteligentes que equilibren la competencia: simplificación tributaria, incentivos a la producción nacional, y un marco regulatorio que no castigue al que apuesta por quedarse en el país.
En definitiva, el reclamo de los comerciantes de Paraná es también el reclamo de cualquier comunidad que no quiere ver sus persianas bajadas. No piden favores: piden que el partido se juegue en una cancha pareja. Porque cuando el comercio local se apaga, no solo se pierde un negocio: se pierde un pedazo de ciudad.

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