“Renunció por temas personales.”
La frase más usada para decirlo todo sin decir nada. La misma que hoy envuelve la salida de la Directora Departamental de Escuelas de Federación, Mónica Cabuche, en medio de un contexto institucional que huele más a pólvora que a incienso.
Porque no se trata solo de una renuncia. Se trata de una cadena de conflictos que viene arrastrando el Consejo General de Educación (CGE): desde el escándalo por el título de su presidenta, pasando por los docentes suplentes echados sin previo aviso, hasta el insólito “nos equivocamos al pagarte” que dejó a más de un maestro con la cuenta en rojo.
Y como si fuera poco, el gremio AGMER —o al menos su conducción departamental— parece haber envuelto a los docentes en papel celofán y los entregó como ofrenda de paz. Todo esto mientras las bases reclaman, gritan y marchan, pero no son escuchadas.
La renuncia de Cabuche llega luego de que se conociera que habría sumariado a supervisoras por no “cargar paros” en el sistema SAGE, lo que desató el repudio del colectivo docente y pedidos formales de su salida. El CGE, por su parte, optó por el silencio. Y ya sabemos: cuando las instituciones callan, el ruido lo hace la calle.
¿Temas personales? Tal vez. Pero en política educativa, lo personal siempre es político.
