El viernes 4 de julio, a las 18:20 horas, la Policía de Entre Ríos recibió un llamado que alertaba sobre un supuesto accidente vial en la Ruta Provincial 39, a la altura del kilómetro 84, en jurisdicción de Rosario del Tala. Al llegar al lugar, los efectivos encontraron un automóvil Volkswagen Gol sin signos de colisión. En su interior, se hallaba gravemente herido el agente Víctor Ernesto Taborda, de 28 años, quien prestaba servicio en la Comisaría Tercera de la Jefatura Departamental Uruguay.
El joven, que se encontraba de franco y vestido de civil, fue trasladado de urgencia al Hospital de Basavilbaso, donde ingresó a la Unidad de Cuidados Especiales. Lamentablemente, falleció a las 19:45. Las primeras pericias indican que la herida habría sido producto de un acto de autodeterminación con su arma de fuego, lo que llevó a caratular el hecho como suicidio.
La noticia generó un profundo pesar en la comunidad policial y entre quienes conocían al agente. Desde la Jefatura Departamental Uruguay se expresó el acompañamiento institucional y el pésame a su familia y amigos. La División Policía Científica, el médico policial de turno y personal de la Jefatura Departamental Tala trabajan en la recolección de testimonios y elementos para esclarecer las circunstancias del hecho, bajo la intervención del fiscal Eduardo Santo, de Concepción del Uruguay.
Este nuevo episodio vuelve a poner en evidencia una problemática que atraviesa silenciosamente a las fuerzas de seguridad: el sufrimiento emocional no atendido, la presión institucional y la falta de redes de contención. En lo que va del año, ya son varios los casos de suicidios dentro de la fuerza, y cada uno de ellos deja una marca imborrable en la institución.
La salud mental de quienes integran las fuerzas debe dejar de ser un tema secundario. No alcanza con reaccionar ante la tragedia: hay que anticiparla, contenerla y prevenirla. Porque detrás del uniforme hay personas, y cada pérdida es también una señal de alerta que no puede ser ignorada.
