El último fin de semana XL dejó cifras que hablan por sí solas: más de 1,3 millones de turistas se movieron por el país, pero se quedaron menos tiempo. La estadía promedio cayó de 2,6 días a apenas dos noches. La explicación es sencilla y dolorosa: el bolsillo aprieta, y las familias privilegian escapadas cortas, cercanas y de bajo costo.
Sin embargo, el gasto promedio por persona subió un 8,8% en términos reales, alcanzando los $90.495. Es decir, menos días, pero más plata. El turismo argentino se ha convertido en una especie de “maratón exprés”: se viaja poco, se consume mucho y se vuelve rápido. El descanso ya no se mide en horas de playa o caminatas tranquilas, sino en pesos desembolsados en servicios esenciales y experiencias que prometen valor inmediato.
La CAME celebra que el gasto total haya trepado a $249.370 millones, un 20% más que el año pasado. Pero detrás de la cifra hay una postal inquietante: el turista argentino corre contra el tiempo, exprime dos días como si fueran una semana y regresa agotado, con la billetera más liviana y la sensación de que el descanso se ha vuelto un lujo fugaz.
