“Universidades en pie, política en tensión: el reloj marcó las prioridades”

“Universidades en pie, política en tensión: el reloj marcó las prioridades”

El jueves 21 de agosto de 2025, a las 19:42 horas, el Senado de la Nación sancionó la ley que blinda el financiamiento de las universidades públicas. Con 58 votos afirmativos, 10 negativos y 3 abstenciones, la iniciativa logró incluso el respaldo de los dos tercios del cuerpo legislativo, un número que no solo refleja consenso, sino también urgencia.
La hora no es un detalle menor. A esa hora, mientras muchos argentinos terminaban su jornada laboral, mientras estudiantes salían de sus clases nocturnas, mientras docentes corregían exámenes en casa, el Congreso decidía si la educación superior seguiría siendo un derecho o se convertiría en un privilegio.
La ley aprobada establece actualizaciones automáticas del presupuesto universitario, recomposición salarial para docentes y no docentes, y paritarias obligatorias cada tres meses. Es una respuesta concreta a una crisis que se venía gestando desde hace tiempo: universidades al borde del colapso, becas congeladas, salarios erosionados por la inflación, y una comunidad educativa que salió a la calle para defender lo que nunca debió estar en discusión.
Pero mientras el reloj marcaba las 19:42 y el Senado daba luz verde a esta ley, el Poder Ejecutivo ya preparaba el veto. Una decisión que, de concretarse, no solo desautoriza al Congreso, sino que desoye el reclamo de miles de estudiantes, docentes, investigadores y trabajadores que sostienen el sistema universitario con esfuerzo y vocación.
La educación pública no es un gasto. Es una inversión. Es el motor que permite que un hijo de obreros se convierta en médico, que una joven del interior estudie ingeniería, que un país tenga futuro. Blindar el presupuesto universitario no es un capricho político: es una obligación moral.
La votación de las 19:42 fue un gesto de dignidad institucional. El posible veto, en cambio, sería una señal de desconexión con la realidad. Porque cuando la política se aleja de las aulas, se aleja del país que quiere construir.
La pregunta no es si hay plata. La pregunta es qué país queremos. Y si ese país incluye universidades abiertas, docentes reconocidos, estudiantes becados y ciencia al servicio de la sociedad, entonces la respuesta no puede ser el recorte. Tiene que ser el compromiso.
A las 19:42, el Senado eligió defender la educación. Ahora, el reloj sigue corriendo. Y la historia está esperando ver si el resto de la dirigencia está a la altura.

 

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