Violencia y desamparo en Núñez

Violencia y desamparo en Núñez

El hallazgo de un jubilado maniatado y golpeado en su vivienda del barrio de Núñez, tras varios días sin contacto con su familia, vuelve a poner en evidencia una realidad dolorosa: la vulnerabilidad de nuestros mayores frente a la violencia y el desamparo. La denuncia de su hermana, que alertó por la ausencia de noticias, fue el punto de partida de una investigación que terminó revelando un crimen que conmueve por su brutalidad y por el contexto de soledad en que se produjo.
No se trata solo de un hecho policial. Cada vez que un adulto mayor es víctima de violencia extrema, la sociedad entera queda interpelada. La jubilación debería ser sinónimo de descanso y dignidad, no de riesgo y abandono. La seguridad en los barrios, la protección de quienes ya han dado su vida al trabajo y a la comunidad, y la capacidad del Estado para garantizar justicia, son dimensiones inseparables de este caso.
La violencia doméstica y urbana no distingue edades, pero golpea con especial crudeza a quienes menos defensas tienen. La respuesta institucional debe ser rápida y firme, pero también preventiva: fortalecer redes comunitarias, garantizar acompañamiento social y asegurar que ninguna persona mayor quede aislada y expuesta.
El crimen de Núñez nos recuerda que la seguridad no es solo patrullaje ni estadísticas. Es también memoria, cuidado y responsabilidad colectiva. La dignidad de nuestros mayores es un espejo de la sociedad que queremos ser. Y cuando esa dignidad se vulnera, lo que se pone en juego es la confianza en nuestra capacidad de proteger la vida.

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