En su paso por el programa El Ventilador, María Paz Montenegro Bernard, directora ejecutiva del Banco de Alimentos de Paraná, trazó un panorama tan crudo como esperanzador: más de 43.000 personas reciben asistencia alimentaria gracias al trabajo de esta organización, que rescata productos en buen estado y los redistribuye a quienes más lo necesitan.
La cifra no es solo un dato. Es un termómetro social. En una provincia donde la pobreza estructural y la desigualdad territorial se profundizan, el Banco de Alimentos se convierte en una red silenciosa de contención, que articula con comedores, merenderos, hogares, parroquias y centros comunitarios.
Montenegro Bernard destacó que el crecimiento de la demanda fue sostenido, especialmente entre adultos mayores y familias rurales, y que el programa “Misión Nutrición”, respaldado por UNICEF y la Red Argentina de Bancos de Alimentos, permitió ampliar el alcance y mejorar la calidad de los productos entregados.
La tarea no es sencilla. Requiere logística, voluntariado, alianzas con empresas, y sobre todo, una ética del cuidado que desafía la indiferencia institucional. En tiempos donde el alimento se vuelve mercancía y el hambre una estadística, el Banco de Alimentos propone otra narrativa: la del derecho, la dignidad y la comunidad organizada.
