IMPSA en crisis: la primera privatización de Milei se hunde entre deudas, ajuste y proyectos paralizados

 

 

La historia de IMPSA, la emblemática empresa mendocina de tecnología e infraestructura, ha dado un giro dramático desde que el Gobierno de Javier Milei la entregó al grupo estadounidense Industrial Acquisitions Fund LLC (IAF), vinculado al Partido Republicano y con conexiones directas con la Casa Blanca. Lo que se presentó como un hito de la nueva era privatizadora, hoy se revela como una postal de ajuste, deuda y parálisis productiva.

A seis meses de la operación, el Estado argentino no ha cumplido con el pago de contratos millonarios de obras públicas que IMPSA tenía en marcha. Entre ellos, proyectos estratégicos como el mantenimiento de turbinas en Yacyretá, el reactor nuclear CAREM 25 en Lima (Buenos Aires), y la readecuación de la flota de tanques TAM del Ejército Argentino. La deuda supera los 15 millones de dólares, y el incumplimiento ha dejado a más de 600 trabajadores cobrando en cuotas, con el aguinaldo fraccionado en cuatro pagos mensuales.

La empresa, que fue capitalizada parcialmente por el grupo IAF con un compromiso de USD 27 millones en etapas, enfrenta ahora una crisis operativa. La falta de insumos, la reducción de turnos, los despidos encubiertos y la suspensión de horas extra han encendido las alarmas gremiales. La Unión Obrera Metalúrgica (UOM) evalúa medidas de fuerza ante lo que consideran una conducción “desarticulada y sin rumbo”.

El ministro de Economía, Luis Caputo, volvió a mirar a IMPSA como parte de su estrategia para sumar divisas mediante la venta de activos públicos. Sin embargo, el caso expone las debilidades estructurales del modelo: una privatización apurada, sin garantías de inversión genuina, y con un Estado que incumple sus propios compromisos contractuales.

La situación ha escalado incluso a nivel internacional. Fuentes cercanas a la empresa aseguran que hubo llamados desde Washington para alertar sobre el conflicto, dada la cercanía política entre Milei y Donald Trump. “Esto es muy raro, nunca nos pasó”, habría sido la frase que resonó en los intercambios entre inversores y funcionarios estadounidenses.

IMPSA, fundada en 1907 como Talleres Metalúrgicos Pescarmona, fue nacionalizada parcialmente en 2021 tras una crisis financiera. Hoy, bajo control extranjero, vuelve a estar al borde del colapso. La paradoja es brutal: en busca de dólares, el Gobierno entrega patrimonio estratégico, pero ni siquiera paga lo que debe. Y en el medio, los trabajadores, los proyectos clave y la soberanía tecnológica quedan a la deriva.

 

 

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