El Gobierno nacional oficializó la actualización de los aranceles que rigen para las prestaciones vinculadas a la atención de personas con discapacidad. La medida, que impacta en centros de día, hogares, servicios de escolaridad, rehabilitación, transporte y otras modalidades de asistencia, busca acompañar el incremento de costos y garantizar la continuidad de los servicios en un contexto económico complejo.
Los nuevos valores se aplican desde septiembre y representan un alivio parcial para instituciones y familias que dependen de estas prestaciones. En paralelo, se mantiene el adicional del 20% para las prestaciones brindadas en la región patagónica, reconociendo las particularidades geográficas y los mayores costos de funcionamiento en esa zona del país.
La actualización responde a reclamos sostenidos de prestadores y organizaciones, que advertían sobre la dificultad de sostener la calidad de la atención con aranceles desactualizados. La suba, aunque considerada necesaria, abre un debate sobre la suficiencia de los montos frente a la inflación y el aumento de insumos básicos, desde medicamentos hasta transporte especializado.
En el caso de los centros de día y hogares, el ajuste permitirá cubrir parte de los gastos operativos, salarios y servicios esenciales. Para la escolaridad y rehabilitación, la medida busca garantizar que los niños, adolescentes y adultos con discapacidad puedan acceder a programas educativos y terapéuticos sin interrupciones. El transporte adaptado, clave para la inclusión y la movilidad, también se ve alcanzado por la actualización, aunque persisten dudas sobre la cobertura integral en provincias con extensas distancias.
Organizaciones de la sociedad civil celebraron la decisión como un paso positivo, pero remarcaron que el desafío es lograr un sistema de financiamiento estable y previsible. “El aumento es importante, pero necesitamos que los valores se ajusten de manera automática y periódica, para no depender de negociaciones que siempre llegan tarde”, señalaron referentes de asociaciones de padres y prestadores.
La continuidad del adicional patagónico fue recibida con alivio por instituciones de esa región, que históricamente enfrentan mayores costos logísticos y de infraestructura. Sin embargo, también se planteó la necesidad de revisar otros factores diferenciales en provincias del norte y zonas rurales, donde las dificultades de acceso son igualmente significativas.
En definitiva, la oficialización de los nuevos valores marca un avance en la política de discapacidad, pero deja abierto el interrogante sobre la sustentabilidad del sistema y la capacidad del Estado para garantizar que cada persona reciba la atención que necesita, sin importar su lugar de residencia ni la complejidad de su condición.
