.Santa Elena, Entre Ríos — 24 de julio de 2025, 18:00 hs.
En una vivienda humilde de calle Dorrego, en el barrio Martín García, se vivió una escena que ningún vecino podrá olvidar fácilmente. Una bebé de apenas un mes fue rescatada por personal policial tras un episodio de violencia familiar que puso en riesgo su vida. El padre de la menor, en un estado de alteración, intentaba llevársela por la fuerza, sujetándola con tal presión que al entregarla a su madre, la pequeña no reaccionaba.
La secuencia fue tan rápida como brutal. Un llamado telefónico alertó a la Comisaría de Santa Elena. El móvil JP 738 llegó al lugar y encontró al hombre con la bebé en brazos. La madre, una adolescente de 16 años, logró recuperarla, pero la niña no respondía. En un acto que mezcla humanidad y urgencia, los efectivos policiales iniciaron maniobras de RCP mientras la trasladaban al Hospital Materno Infantil. La bebé comenzó a moverse justo antes de ingresar al centro pediátrico. El parte médico inicial indicó palidez, hipotonía generalizada y pulsos palpables. Quedó en observación.
⚖️ La intervención institucional: fragmentada, tardía, reactiva
La Fiscalía de La Paz, a cargo de la Dra. Gareis, dispuso la aprehensión del agresor. También se dio intervención a la Defensoría, el Juzgado de Familia de Santa Elena, la Unidad Fiscal de La Paz y el Área de Niñez, Adolescencia y Familia (ANAF). Todos los engranajes del aparato estatal se activaron… después del hecho.
La pregunta que queda flotando es incómoda: ¿cuántas señales se ignoraron antes de que el patrullero se convirtiera en ambulancia? ¿Qué redes de contención fallaron para que una madre adolescente enfrente sola una situación de violencia extrema?
Una historia que no empieza ni termina en Dorrego
Este caso no es una excepción. Es parte de una trama silenciosa que atraviesa barrios, edades y géneros. La violencia familiar no distingue códigos postales, pero sí encuentra más víctimas donde hay más vulnerabilidad. En Santa Elena, como en tantas localidades de Entre Ríos, los dispositivos de protección de la infancia y la mujer existen, pero no siempre llegan a tiempo. La burocracia, la falta de recursos, y la desarticulación entre áreas convierten cada intervención en una carrera contra el reloj.
La madre de la menor, apenas una adolescente, representa a cientos de jóvenes que maternan en soledad, sin redes, sin acompañamiento, y muchas veces, sin voz. Su denuncia no solo salvó a su hija, sino que expuso una falla sistémica: el Estado no está donde debería estar.
El patrullero como símbolo: cuando la urgencia reemplaza a la política pública
Que la vida de una bebé dependa de la pericia de un sargento para realizar RCP en un móvil policial no es un dato menor. Es una metáfora cruel de cómo la urgencia reemplaza a la política pública. El patrullero, que debería ser el último recurso, se convierte en el primer y único salvavidas.
La escena es potente: un policía haciendo RCP en movimiento, una madre adolescente llorando, una bebé que no responde. Y detrás, el silencio de las instituciones que deberían haber prevenido, acompañado, contenido.
Reflexión final: ¿quién protege cuando el Estado no llega?
Este hecho interpela a todos. A las autoridades, que deben revisar protocolos y recursos. A las instituciones, que deben articularse más allá del papel. A la comunidad, que muchas veces es la única red real. Y a los medios, que tenemos la responsabilidad de contar estas historias no como hechos aislados, sino como síntomas de una enfermedad social que se llama desprotección.
Porque cuando el Estado llega en patrullero, ya es tarde. Y cuando el llanto de una bebé no alcanza para activar alarmas, es que algo está profundamente roto.
