Cuando la discapacidad queda atrapada en la trama del poder

Cuando la discapacidad queda atrapada en la trama del poder

La madrugada del 21 de agosto marcó un nuevo capítulo en la política argentina: el presidente Javier Milei decidió remover de su cargo a Diego Spagnuolo, titular de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), tras la difusión de audios que lo vinculan con una presunta red de coimas en la compra de medicamentos. La decisión fue calificada como “preventiva” por la Vocería Presidencial, en un intento por contener el impacto político y ético de un escándalo que sacude los cimientos de un área sensible del Estado.
Los audios, difundidos por el canal de streaming Carnaval y replicados por diversos medios, exponen a Spagnuolo hablando de pagos ilegales, presiones a laboratorios y vínculos con figuras cercanas al presidente, como su hermana Karina Milei y el asesor Eduardo “Lule” Menem. En uno de los fragmentos, se escucha: “Van a pedirle guita a los prestadores”, en referencia a maniobras para asegurar contratos con el Estado. La gravedad de las declaraciones no solo compromete al funcionario, sino que pone en tela de juicio el funcionamiento institucional de la agencia encargada de garantizar derechos a personas con discapacidad.
La reacción del Gobierno fue rápida, pero no necesariamente transparente. La remoción de Spagnuolo se oficializó en el Boletín Oficial mediante el Decreto 599/2025, junto con la intervención de la ANDIS por parte del Ministerio de Salud, a cargo de Mario Lugones. Sin embargo, el comunicado oficial se centró más en denunciar una supuesta “utilización política de la oposición en año electoral” que en asumir responsabilidades por lo ocurrido.
Lo que está en juego no es solo la reputación de un funcionario, sino la credibilidad de un organismo que atiende a una de las poblaciones más vulnerables del país. En medio de una crisis económica y social, la Agencia Nacional de Discapacidad debería ser un espacio de reparación, no de recaudación. La corrupción en este ámbito no es solo inmoral: es cruel.
La oposición, por su parte, presentó pedidos de interpelación y cuestiones de privilegio en el Congreso, mientras se reaviva el debate sobre la ley de emergencia en discapacidad, recientemente vetada por el Ejecutivo. El escándalo de los audios no ocurre en un vacío: se inscribe en una disputa más amplia sobre el rol del Estado, la transparencia institucional y el respeto por los derechos sociales.
La salida de Spagnuolo no resuelve el problema. Es apenas el primer paso. Lo que sigue debe ser una investigación seria, una auditoría profunda y una refundación ética de la agencia. Porque cuando la política contamina la gestión de la discapacidad, no solo se pierde dinero: se pierde humanidad.

 

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