Durante las primeras horas del sábado 6 de diciembre de 2025, a las 01:45, un automóvil tipo mini SUV marca Ford Ecosport, conducido por un hombre de 43 años acompañado de su pareja, ambos oriundos de Curuzú Cuatiá (Corrientes), colisionó contra un equino hembra de pelaje zaino que se encontraba sobre la cinta asfáltica en el kilómetro 162 de la Ruta Nacional 127. El impacto produjo daños totales en la parte delantera del vehículo, lesiones leves en los ocupantes y la muerte inmediata del animal.
El hecho, que requirió la intervención de la Comisaría de Sauce de Luna, la Brigada de Abigeato de Federal y el Puesto Caminero Federal, es un nuevo recordatorio de la vulnerabilidad de nuestras rutas frente a la presencia de animales sueltos. No se trata de un accidente aislado, sino de una problemática recurrente en las carreteras entrerrianas y del litoral: la falta de control sobre el ganado y los caballos que terminan convirtiéndose en riesgo mortal para quienes transitan.
Lugar: RN 127, km 162.
Vehículo: Ford Ecosport, con dos ocupantes de Curuzú Cuatiá.
consecuencias: daños totales en el rodado, lesiones leves en los ocupantes, muerte del equino.
Intervención: Policía de Entre Ríos, Brigada Abigeato y Puesto Caminero Federal.
La ironía es que mientras se multiplican campañas de seguridad vial centradas en el uso del cinturón o la velocidad, se sigue ignorando un factor tan básico como el control de animales en rutas nacionales. La muerte del caballo y el daño sufrido por la familia de Curuzú Cuatiá son el resultado de una cadena de responsabilidades que nadie asume: propietarios que no contienen a sus animales, autoridades que no refuerzan controles y un sistema vial que se resigna a convivir con el riesgo.
Este siniestro debería ser un punto de inflexión. La seguridad vial no puede limitarse a sancionar conductores, sino que debe incluir políticas de control rural, campañas de concientización y sanciones efectivas a quienes permiten que sus animales circulen libremente en rutas nacionales.
En definitiva, el caballo muerto sobre la Ruta 127 y la familia lesionada son más que un accidente: son el espejo de una desidia que se repite y que, de no corregirse, seguirá cobrando vidas humanas y animales. La dignidad de la seguridad vial exige que estos hechos no sean naturalizados como “cosas que pasan”, sino enfrentados como lo que son: tragedias anunciadas que pueden y deben evitarse.
