El reconocimiento de Nación a diez hospitales entrerrianos por su compromiso con la calidad, frente a la realidad de decisiones políticas erradas, directivos solo estan para cobrar y comodos acomodados y enfermeros que hacen milagros sin insumos, en una provincia donde la salud se sostiene por vocación y no por gestión

El reconocimiento de Nación a diez hospitales entrerrianos por su compromiso con la calidad, frente a la realidad de decisiones políticas erradas, directivos solo estan para cobrar y comodos acomodados y enfermeros que hacen milagros sin insumos, en una provincia donde la salud se sostiene por vocación y no por gestión

La Dirección Nacional de Calidad reconoció oficialmente a diez hospitales entrerrianos por su compromiso con la mejora continua de la atención y la seguridad del paciente. El logro, acompañado por el Ministerio de Salud de Entre Ríos, superó la meta inicial de siete instituciones y sumó a nosocomios de Viale, Paraná, Bovril, Concepción del Uruguay, Gualeguay, Basavilbaso y Diamante, junto a los pioneros de Cerrito, Gualeguaychú y Villa Elisa.
El discurso oficial celebra la cultura de calidad, la capacitación y el trabajo en equipo. Sin embargo, detrás de los reconocimientos se esconde una realidad que los propios trabajadores de la salud denuncian: la precariedad cotidiana, la falta de insumos básicos y la indiferencia política hacia quienes sostienen el sistema con esfuerzo sobrehumano.
Claves del reconocimiento y la contradicción:
Reconocidos: 10 hospitales entrerrianos por calidad y seguridad del paciente.
Meta inicial: 7 instituciones, superada por el compromiso de los equipos.
Realidad paralela: enfermeros que reclaman salarios dignos, regularización laboral y condiciones mínimas.
La Paz: con cuatro legisladores que no atienden ni les interesa la salud ni el trabajo de los enfermeros.
La paradoja es evidente: mientras se entregan diplomas y se pronuncian discursos sobre calidad, en muchos hospitales no hay ni bayaspirinas. Los enfermeros, que cada día ponen el cuerpo y el alma para salvar vidas, no pueden hacer milagros. El reconocimiento no evalúa el compromiso individual de quienes sostienen la atención en condiciones adversas, sino la capacidad institucional de cumplir con protocolos y procesos.
La crítica es inevitable: los políticos que gobiernan y gobernaron, junto a directivos que acomodan cargos por conveniencia, han dejado a la provincia con un sistema de salud que depende más de la vocación que de la gestión. Los enfermeros contratados en irregularidad desde hace años, los reclamos salariales ignorados y la falta de insumos básicos son la otra cara de una medalla que se exhibe en Buenos Aires.
El reconocimiento nacional debería ser un punto de partida, no un maquillaje. La calidad no puede ser solo un sello burocrático: debe traducirse en recursos, estabilidad laboral, salarios dignos y respeto por quienes sostienen la vida en cada guardia.
En definitiva, los diez hospitales reconocidos son un orgullo, pero también un espejo incómodo: muestran lo que se puede lograr con compromiso y trabajo en equipo, y lo que se pierde cuando la política se reduce a acomodos y discursos vacíos. La salud entrerriana necesita más que diplomas: necesita decisiones valientes que pongan a los enfermeros y pacientes en el centro, porque sin ellos no hay calidad que valga.

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