El desmantelamiento de Vialidad Nacional: cuando se rompe el camino, se quiebra la institucionalidad

El desmantelamiento de Vialidad Nacional: cuando se rompe el camino, se quiebra la institucionalidad

 

La estructura de Vialidad Nacional ha sido, históricamente, uno de los pilares del desarrollo territorial y económico del país. Más allá de su rol técnico, cumple una función vital en la integración federal, la conectividad productiva y la presencia del Estado en cada rincón del mapa. Pero hoy, esa red comienza a mostrar grietas profundas: el desmantelamiento silencioso de su organismo pone en riesgo no sólo rutas y caminos, sino también la dignidad laboral de miles de trabajadores.

Recortes presupuestarios, cesantías, retiros voluntarios empujados sin alternativa, paralización de obras esenciales y tercerizaciones que transforman lo público en negocio privado. La Vialidad que supo ser sinónimo de soberanía caminera, ahora se ve amenazada por una lógica puramente contable: achicar sin medir consecuencias, eliminar sin plan de reemplazo, debilitar sin diálogo social.

Este proceso no solo afecta a quienes llevan años poniendo el cuerpo en las rutas —ingenieros, técnicos, operarios, inspectores— sino que diluye la capacidad del Estado para ejecutar obras claves, controlar concesiones, y asegurar estándares de seguridad vial. El resultado es una infraestructura estratégica en pausa, una ciudadanía más vulnerable y una fuerza laboral que enfrenta el abismo del desempleo.

Desde los gremios se denuncia que hay más de mil trabajadores en riesgo, que los distritos viales se vacían y que las decisiones no pasan por criterios técnicos sino por ajustes político-financieros que ignoran el impacto social. Las provincias, particularmente las más alejadas de los centros urbanos, ya sienten el peso de esta crisis: rutas sin mantenimiento, demoras eternas en reparaciones, y el regreso del abandono como paisaje habitual.

En un país donde la logística, el transporte y el turismo dependen del estado de los caminos, desmantelar Vialidad Nacional no es solo un problema sectorial: es una fractura en el vínculo entre Estado y ciudadanía. Porque cuando se corta la ruta del trabajo, también se interrumpe la circulación de derechos.

La reconstrucción no será fácil, ni inmediata. Pero será urgente. Porque mientras las máquinas se detienen, los reclamos crecen. Y detrás de cada kilómetro sin repavimentar, hay un trabajador esperando volver a poner en marcha el país.

 

 

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