En el barrio Terma, los vecinos llevan más de cuatro días esperando que se recolecte la basura. La situación no solo genera incomodidad, sino también preocupación por la salud y la higiene de la comunidad.
Los reclamos son claros: el camión recolector pasa por la calle El Zorsal, pero no levanta los residuos. Esa imagen el vehículo que circula sin cumplir su función se convierte en símbolo de la desidia y la falta de control en un servicio básico que debería garantizarse sin excusas.
La basura acumulada no es un detalle menor. Es un problema que afecta la vida cotidiana, la convivencia y la dignidad de los vecinos. La demora en la recolección expone a la comunidad a riesgos sanitarios y transmite la sensación de abandono.
Por eso, este editorial se suma al pedido de los habitantes del barrio: que las autoridades responsables del área controlen y actúen de inmediato. No se trata de un favor, sino de una obligación elemental de gestión pública.
La transparencia y la eficiencia en los servicios municipales son la base de la confianza ciudadana. Cuando la basura se acumula, lo que también se acumula es el malestar y la desconfianza. La Paz merece respuestas rápidas y concretas.
