En La Paz, el tiempo parece detenido cuando se trata de infraestructura rural. Pasan los años, pasan los partidos políticos, y las promesas sobre los caminos de la producción se repiten como un libreto gastado. La historia reciente muestra que el departamento contó con dos diputados y una senadora, pero los vecinos sienten que la representación se limita a cobrar un sueldo, sin traducirse en soluciones concretas.
El caso de Yacaré, ruta 12 km 633, es emblemático. Hace algunos años, la comunidad organizó una junta de firmas para exigir mejoras en el acceso a la Escuela N.º 26 Leopoldo Lugones. El pedido era mínimo: apenas un kilómetro de obra que hubiera significado un alivio para estudiantes, trabajadores y familias. Sin embargo, la respuesta nunca llegó. Hoy, el camino sigue igual que hace dos décadas, o peor: autos que no pueden circular, vecinos aislados y ambulancias que encuentran serias dificultades para ingresar en casos de urgencia.
La indignación es palpable. Los vecinos recuerdan que los políticos solo se acuerdan de los caminos cuando hay elecciones. Después, el silencio. La consigna que se repite es clara: gestión, gestión, gestión. Porque mientras los discursos se reciclan, la realidad cotidiana se deteriora.
El impacto no es solo social, sino también económico. La producción local depende de caminos transitables para abastecer mercados y sostener el desarrollo regional. La falta de inversión y mantenimiento se convierte en un obstáculo estructural que frena el crecimiento y profundiza la desigualdad entre quienes viven en la ciudad y quienes habitan en las zonas rurales.
