Cerca de 7 millones de estadounidenses salieron a las calles en más de 3 mil ciudades para marchar contra el gobierno de Donald Trump y la guerra en Medio Oriente. Las protestas, organizadas por el movimiento “No Kings”, se convirtieron en la tercera movilización masiva en menos de un año desde el regreso de Trump a la Casa Blanca.
El epicentro simbólico fue Minnesota, donde Minneapolis y St. Paul se transformaron en el foco de las manifestaciones tras la muerte de dos ciudadanos en operativos federales contra inmigrantes. Allí, Bruce Springsteen, Joan Baez, Jane Fonda y Maggie Rogers dieron un marco cultural y político a la jornada, amplificando el mensaje de rechazo.
La ola de protestas no se limitó al territorio estadounidense: se extendió por Europa, con multitudes en Italia, Francia, Alemania y España que marcharon bajo pancartas con la consigna “No kings, no war”. En París, incluso, la Estatua de la Libertad fue recreada como símbolo de resistencia.
El impacto político es evidente: la imagen positiva de Trump se desploma al 35%, con un 62% de rechazo según encuestas recientes. La combinación de inflación, desempleo y la decisión de involucrarse en la guerra con Irán ha erosionado su base de apoyo. El escenario preocupa a los republicanos: ocho derrotas consecutivas en elecciones especiales y la posibilidad de que los demócratas recuperen la mayoría en el Congreso, abriendo la puerta a un eventual impeachment.
Las calles hablan y el mensaje es claro: “Es hora de decir no a los reyes. Es hora de decir no a Donald Trump”. La crisis de imagen del presidente se expande como una mancha que alcanza a sus aliados internacionales y redefine el tablero político global.
