En el populoso barrio Don Jorge, donde la necesidad se siente en cada esquina, la dignidad volvió a levantarse gracias al compromiso de una mujer que no se rinde. Lucy reabrió su comedor y ropero comunitario sin ayuda del municipio de Concordia, con el apoyo de vecinos y comerciantes que entienden que cuando se piensa en los que menos tienen, todo se puede.
Semanas atrás, el intendente Azcue les cerró las puertas, dejando a decenas de familias sin probar un plato de comida. Ese gesto de soberbia y desprecio hacia los más vulnerables quedó grabado en la memoria colectiva. Pero la comunidad respondió con solidaridad, y Lucy, aún enferma y viviendo con un tubo de oxígeno como compañero inseparable, logró desde su aposento volver a poner de pie el comedor.
Su mensaje es claro y contundente: “Con el hambre de la gente no se juega”. El hambre no tiene color político ni credo religioso; es una realidad que exige respuestas inmediatas y compromiso genuino. Lucy lo demuestra con hechos, mientras el intendente Azcue exhibe indiferencia y desinterés por el bienestar general.
Hoy, el comedor comunitario de barrio Don Jorge es más que un espacio de asistencia: es un símbolo de resistencia, de solidaridad y de dignidad. Es la prueba de que la comunidad puede levantarse donde el Estado municipal falla.
La pregunta que queda flotando es inevitable: ¿cuánto más desprecio hacia los que menos tienen puede tolerar Concordia?
