El Boletín Epidemiológico Nacional encendió una luz amarilla: ya son 72 los casos confirmados de influenza A H3N2, conocida popularmente como “supergripe”, en distintas regiones del país. Aunque la circulación de virus respiratorios se mantiene estable, el crecimiento sostenido de esta cepa obliga a reforzar las medidas de prevención y a mirar con atención lo que podría convertirse en un nuevo desafío sanitario.
La H3N2 no es una novedad en el mundo médico, pero su comportamiento actual preocupa por la velocidad de propagación y la intensidad de los síntomas. Fiebre alta, dolor muscular, tos persistente y cuadros respiratorios que se complican en personas mayores o con enfermedades preexistentes. En un contexto de sistema de salud tensionado y recursos limitados, cada caso cuenta.
El Ministerio de Salud recomendó sostener las medidas habituales: lavado frecuente de manos, ventilación de ambientes, uso de barbijo en espacios cerrados y evitar el contacto estrecho con personas sintomáticas. Pero el mensaje oficial, aunque correcto, parece insuficiente frente a una sociedad que ya bajó la guardia tras la pandemia.
La “supergripe” no genera el mismo impacto mediático que el COVID-19, pero su avance silencioso puede tener consecuencias graves si no se actúa con responsabilidad. La prevención no depende solo del Estado: cada ciudadano tiene en sus manos la posibilidad de evitar contagios y proteger a los más vulnerables.
En tiempos donde la información circula rápido pero la conciencia se diluye, el desafío es doble: comunicar con claridad y actuar con convicción. Porque detrás de cada número hay una persona, una familia, una historia que merece cuidado.
