La imagen parecía sacada de un operativo internacional contra el narcotráfico: más de veinte camionetas de la Policía Federal desplegadas en un barrio porteño, con agentes custodiando cada movimiento. Pero no se trataba de la captura de un criminal peligroso, sino de un operativo de seguridad personal en la casa del vocero presidencial **Manuel Adorni**, para evitar que estudiantes de Filosofía y Letras se manifestaran en su contra.
Información que llega a la redacción de Digital Top
El despliegue incluyó más de 20 móviles oficiales, un dispositivo que llamó la atención por su magnitud y por el contraste con la situación que buscaba contener: un grupo de estudiantes organizados en protesta.
El episodio refleja un clima político marcado por la tensión y el temor. La decisión de blindar con semejante despliegue a un funcionario por la posibilidad de una protesta estudiantil expone la fragilidad de un Gobierno que se presenta como fuerte, pero que en los hechos parece cada vez más acorralado por la crítica social.
La narrativa oficial habla de orden y autoridad, pero la realidad muestra un exceso que roza lo absurdo: recursos públicos destinados a proteger a un vocero de estudiantes que, en el peor de los casos, podían incomodarlo con consignas y reclamos. El contraste es evidente: mientras se recortan partidas en áreas sensibles, se multiplican los gastos en operativos de seguridad para funcionarios.
La frase que circula en redes sintetiza el sentimiento: **“La casta tiene miedo”**. Y ese miedo, lejos de ser un signo de fortaleza, es la evidencia de un poder que se siente cuestionado y que responde con despliegues desproporcionados.
El operativo en la casa de Adorni no será recordado por su eficacia, sino por lo que simboliza: un Gobierno que se atrinchera frente a la protesta social, que confunde crítica con amenaza y que revela, en cada exceso, su propia vulnerabilidad.
